
Oh san José, que experimentaste el dolor y conoces los sufrimientos humanos, mira con bondad a nuestro/a querido/a hermano/a (...), afligido/a en el cuerpo por la enfermedad. Dale fuerza para que no rehuse esta cruz preciosa y fructuosa. Que tu compañía, con la de Jesús y de María, haga su cruz más liviana. Hazle comprender hasta qué punto la generosidad en el sacrificio puede producir frutos abundantes de salvación para la Iglesia. Consuela este/a nuestro/a hermano/a (....), para que, purificado/a con la prueba y restablecido/a en la salud, pueda nuevamente alabarte y servirte con gratitud en nuestra compañía fraterna.
Amén.