¡Oh María!, dirigid una mirada bondadosa sobre las Almas que sufren en el Purgatorio, dulcificad el ardor de las llamas que las purifican y aligerad sus agudos dolores.
¡Oh María!, escuchad sus gemidos, mirad sus brazos deprecatorios levantados hacia Vos, pidiéndoos el fin de sus tormentos y la entrada en los eternos gozos.
¡Oh María!, Virgen benéfica, escuchad nuestras súplicas; doleos de esas Almas, alcanzadles la gracia y sed para ellas el camino que conduce al descanso eterno.
¡Oh María!, Hija y Madre del Supremo Rey, que vuestra dulce clemencia venga a nuestro socorro ahora y en la hora del juicio.
¡Oh María!, cuando comparezcamos ante nuestro Divino Juez, sed nuestra defensa, y por vuestra poderosa intercesión alcanzadnos perdón y misericordia.
Así sea.