miércoles, 19 de julio de 2017

EL RESPETO HUMANO


Nada más glorioso y honorífico para un cristiano, hijos míos, que el llevar el nombre sublime de hijo de Dios, de hermano de Jesucristo. Pero, al propio tiempo, nada más infame que avergonzarse de ostentarlo cada vez que se presenta ocasión para ello. No, hijos míos, no nos maraville el ver a hombres hipócritas, que fingen en cuanto pueden un exterior de piedad para captarse la estimación y las alabanzas de los demás, mientras que su pobre corazón se halla devorado por los más infames pecados. Quisieran, estos ciegos, gozar de los honores inseparables de la virtud, sin tomarse la molestia de practicarla. Pero maravíllenos aún menos el ver a otros, buenos cristianos, ocultar, en cuanto pueden, sus buenas obras a los ojos del mundo, temerosos de que la vanagloria se insinúe en su corazón y de que los vanos aplausos de los hombres les hagan perder el mérito y la recompensa de ellas. Pero, ¿dónde encontrar, hijos míos, cobardía más criminal y abominación más detestable que la de nosotros, que, profesando creer en Jesucristo, estando obligados por los más sagrados juramentos a seguir sus huellas, a defender sus intereses y su gloria, aun a expensas de nuestra misma vida, somos tan viles, que, a la primera ocasión, violamos las promesas que le hemos hecho en las sagradas fuentes bautismales? ¡Ah, desdichados! ¿Qué hacemos? ¿Quién es Aquel de quien renegamos? ¡Ay! Abandonamos a nuestro Dios, a nuestro Salvador, para quedar esclavos del demonio, que nos engaña y no busca otra cosa que nuestra ruina y nuestra eterna infelicidad. ¡Oh, maldito respeto humano, qué de almas arrastras al infierno! 

SANTO CURA DE ARS
 EL RESPETO HUMANO

martes, 11 de julio de 2017

¿Cómo discernir si hay enfermedad mental o posesión demoníaca? Un sacerdote experto lo explica

Los exorcistas reciben numerosos casos todos los días. Por ejemplo, en París los exorcistas reciben a más de 2.500 personas al año aunque de todas ellas han realizado exorcismos a 50. En muchos casos existen problemas psiquíatricos y psicológicos y una de las principales labores del exorcista es discernir quien está enfermo y en quien está actuando el demonio.

Sabiendo esta relación, cada vez hay más sacerdotes que empiezan a ser expertos en ambas vertientes. Es el caso del padre Mike Discroll, sacerdote ordenado en 1992 y hoy capellán del Centro Médico St. Elizabeth´s en Ottawa (Illionis) donde hay un área de salud mental con enfermos internados.
 
Con estudios universitarios en Economía, Teología Moral y Consejería Médica quiso estudiar el fenómeno de la relación entre enfermedad mental y el demonio con una tesis doctoral titulada El discernimiento de los exorcistas católicos, entre la posesión demoníaca y trastornos mentales.
 
Su labor en el hospital le ha permitido conocer mejor a las personas con enfermedades mentales para convencerle de la importancia de los cuidados espirituales para ellos puesto que se muestra convencido de que “los demonios pueden atormentar a la gente que tiene problemas mentales”.


Aún así arroja mucha más luz en un libro que ha publicado Demons, Deliverance, and Discernment: Separating Fact from Fiction About the Spirit World y cuyos temas habla en esta entrevista publicada por Portaluz:
  
-¿Escribir ese libro ha modificado su ministerio como capellán, su trabajo de consejería y salud preventiva?

- Las personas suelen batallar con desafíos que son una combinación de problemas mentales-emocionales y problemas espirituales que no involucran posesión. El hospital St. Elizabeth de Ottawa, donde soy capellán, tiene un área de salud mental con pacientes internados. Así es que a diario hablo con personas que enfrentan estos problemas. Escribir el libro y servir a estas personas ha reforzado en mí la certeza de que es necesario abordar ambos aspectos: el mental-emocional y el espiritual.

- ¿Cuáles son las dos o tres cosas que todo "católico promedio" debería considerar sobre los demonios?

- La gente debe saber que no son habituales los casos reales de posesión demoníaca. Hay una buena razón por la que la gran mayoría de nosotros nunca ha visto a una persona poseída por un demonio: rara vez ocurre. Como dijo un exorcista, no sucede al azar; usted no se despierta un día y de repente se encuentra poseído. Sucede tras construir una relación con el mal.

Esto nos lleva a la segunda consideración: deberían preocuparnos más las tentaciones, ya sean las de la carne, el mundo o el diablo. Ir al infierno por haber cometido pecados mortales sin arrepentirse de ellos, debería ser para nosotros algo más espantoso que la posesión.

En tercer lugar, lo más importante: recordar que es infinito el amor de Dios por nosotros y tener claro que no es algo complicado llegar al cielo. Debemos decir nuestras oraciones, recibir los sacramentos, practicar las virtudes y evitar las ocasiones del pecado.

- Usted escribe en su libro sobre los vínculos entre enfermedad mental y posesión demoníaca.

- Un católico me dijo alguna vez haber escuchado que la mayoría de las personas internadas en los hospitales psiquiátricos sufrían de ataques demoníacos, en lugar de problemas de salud mental. Eso es una tontería. Si bien el diablo nos tienta a todos, especialmente en nuestros puntos débiles; las personas que cada día visito en nuestra unidad de salud mental luchan con problemas mentales y emocionales reales. Decir que esto son sólo ataques demoníacos es errado; tanto como decir que las dolencias físicas son sólo ataques demoníacos. ¿Intenta el diablo agravar nuestros problemas? Por supuesto. Es por eso que oramos pidiendo protección y fortaleza a Dios, para alcanzar la sanación de todos los trastornos, ya sean físicos, mentales, emocionales, espirituales o cualquier combinación de ellos. Dicho esto, debo mencionar que no es raro encontrar personas con trastornos mentales graves (como la esquizofrenia) afirmando oír a los demonios, ver demonios o soñar con demonios. Esto no significa que estén poseídos, aunque podría ser efectivamente el diablo quien esté molestándolos.

Algunos terapeutas me han preguntado sobre esto. Mi parecer es que los demonios pueden atormentar a la gente que tienen problemas mentales serios porque otros no les creerán. Otros suelen pensar que es sólo el trastorno mental; pero podría ser mental y espiritual. Es importante abordar ambas luchas. Proporcionar consejería, medicamentos -para ayudar con los problemas mentales-, y también orar por ellos, fomentar una buena vida del espíritu que ayude en la lucha espiritual.

- Usted advierte a los católicos contra la dependencia excesiva de quienes llama "profesionales de la liberación". ¿Podrían explicar un poco más sobre esto?

- El Catecismo de la Iglesia Católica no define la ‘liberación’; no existe libro oficial de la Iglesia o ritual sobre la liberación; y no hay un título oficial u oficina del "ministerio de la liberación".

Si una persona dice que participa en la liberación… argumentando escuchar lo que la gente le dice sobre sus luchas espirituales y que luego ora por ellos, eso es genial. Pero algunos afirman tener habilidades especiales de liberación o dones, métodos especiales de liberación y oraciones especiales de liberación. Me mantendría alejado de toda esa parafernalia. Algunos santos tenían gran poder para expulsar demonios, pero siempre evitaban atraer la atención. Desconfío de quienes publicitan sus demandas de dones espirituales.

(…) Cuando escucho a personas que no son sacerdotes dando órdenes a los demonios, diciendo cosas como: "¡En el nombre de Jesucristo, ordeno que te vayas!", me parece demasiado dramático, e incluso orgulloso. Creo en lo humilde: pedirle ayuda a Dios, a los ángeles o santos. Creo que Dios honrará esa humildad y el diablo la odiará.

Fuente: ReligionEnLibertad

VIDA DE SAN BENITO ABAD

CAPÍTULO IV

DEL MONJE DISTRAÍDO VUELTO AL BUEN CAMINO


En uno de aquellos monasterios fundados por él, había un monje que no podía permanecer en oración, sino que no bien los monjes se disponían a orar, él salía fuera del oratorio y se entretenía en cosas terrenas y fútiles. Después de haber sido amonestado repetidamente por su abad, finalmente fue enviado al hombre de Dios, quien a su vez le reprendió ásperamente por su necedad. Vuelto al monasterio, apenas hizo caso un par de días de la corrección del hombre de Dios, pero al tercer día volvió a su antigua conducta y comenzó de nuevo a divagar durante el tiempo de la oración. Habiéndolo comunicado al hombre de Dios, el abad que él mismo había puesto en el monasterio, dijo: "Iré y le corregiré personalmente". Fue el hombre de Dios al monasterio, y cuando a la hora señalada, concluida ya la salmodia, los monjes se ocuparon en la oración, vio cómo un chiquillo negro arrastraba hacia fuera por el borde del vestido a aquel monje que no podía estar en oración. Entonces dijo secretamente a Pompeyano, el abad del monasterio, y al monje Mauro: "¿No veis quién es el que arrastra fuera a este monje?". "No", le respondieron. "Oremos, pues, para que también vosotros podáis ver a quién sigue este monje".

Después de haber orado dos días, Mauro lo vio, pero Pompeyano, el abad del monasterio, no pudo verlo. Al tercer día, concluida la oración, al salir del oratorio el hombre de Dios encontró a aquel monje fuera. Y para curar la ceguera de su corazón le golpeó con su bastón, y desde aquel día no volvió a sufrir más engaño alguno de aquel chiquillo negro y perseveró constante en la oración. Así, el antiguo enemigo, como si él mismo hubiera recibido el golpe, no se atrevió en adelante a esclavizar la imaginación de aquel monje.

VIDA DE SAN BENITO ABAD
SAN GREGORIO MAGNO.

domingo, 9 de julio de 2017

VIDA DE SAN BENITO ABAD

CAPÍTULO III

EL JARRO ROTO POR LA SEÑAL DE LA CRUZ



GREGORIO.- ALEJADA ya la tentación, el hombre de Dios, cual tierra libre de espinas y abrojos, empezó a dar copiosos frutos en la mies de las virtudes, y la fama de su eminente santidad hizo célebre su nombre. No lejos de allí, había un monasterio cuyo abad había fallecido, y todos los monjes de su comunidad fueron adonde estaba el venerable Benito y con grandes instancias le suplicaron que fuera su prelado. Durante mucho tiempo no quiso aceptar la propuesta, pronosticándoles que no podía ajustarse su estilo de vida al de ellos, pero al fin, vencido por sus reiteradas súplicas, dio su consentimiento. Instauró en aquel monasterio la observancia regular, y no permitió a nadie desviarse como antes, por actos ilícitos, ni a derecha ni a izquierda del camino de la perfección. Entonces, los monjes que había recibido bajo su dirección, empezaron a acusarse a sí mismos de haberle pedido que les gobernase, pues su vida tortuosa contrastaba con la rectitud de vida del santo. Viendo que bajo su gobierno no les sería permitido nada ilícito, se lamentaban de tener que, por una parte renunciar a su forma de vida, y por otra, haber de aceptar normas nuevas con su espíritu envejecido. Y como la vida de los buenos es siempre inaguantable para los malos, empezaron a tratar de cómo le darían muerte. Después de tomar esta decisión, echaron veneno en su vino. Según la costumbre del monasterio, fue presentado al abad, que estaba en la mesa, el jarro de cristal que contenía aquella bebida envenenada, para que lo bendijera; Benito levantó la mano y trazó la señal de la cruz. Y en el mismo instante, el jarro que estaba algo distante de él, se quebró y quedó roto en tantos pedazos, que más parecía que aquel jarro que contenía la muerte, en vez de recibir la señal de la cruz hubiera recibido una pedrada. En seguida comprendió el hombre de Dios que aquel vaso contenía una bebida de muerte, puesto que no había podido soportar la señal de la vida. AL momento se levantó de la mesa, reunió a los monjes y con rostro sereno y ánimo tranquilo les dijo: "Que Dios todopoderoso se apiade de vosotros, hermanos. ¿Por qué quisisteis hacer esto conmigo? ¿Acaso no os lo dije desde el principio que mi estilo de vida era incompatible con el vuestro? Id a buscar un abad de acuerdo con vuestra forma de vivir, porque en adelante no podréis contar conmigo".

Entonces regresó a su amada soledad y allí vivió consigo mismo, bajo la mirada del celestial Espectador.

PEDRO.- No acabo de entender qué quiere decir eso de que "vivió consigo mismo".

GREGORIO.- Si el santo varón hubiese querido tener por más tiempo sujetos contra su voluntad a aquellos que unánimemente atentaban contra él, y que tan lejos estaban de vivir según su estilo, quizás el trabajo hubiera excedido a sus fuerzas y perdido la paz, y hasta es posible que hubiera desviado los ojos de su alma de los rayos luminosos de la contemplación. Pues fatigado por el cuidado diario de la corrección de ellos, hubiera negligido su interior. Y acaso olvidándose de sí mismo, tampoco hubiera sido de provecho a los demás. Pues, sabido es, que cada vez que por el peso de una desmesurada preocupación salimos de nosotros mismos, aunque no dejemos de ser lo
que somos, no estamos en nosotros mismos, ya que divagando en otras cosas no nos percatamos de lo nuestro. ¿Acaso diremos que vivía consigo mismo aquel que marchando a una región lejana, derrochó la hacienda que había recibido y tuvo que ajustarse con un hombre de aquel país, que le envió a apacentar puercos, a los cuales
veía hartarse de bellotas mientras él pasaba hambre? Y sin embargo, cuando empezó a reflexionar sobre los bienes que había perdido, la Escritura dice de él: Volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre andan sobrados de pan! (Lc 15,17). Si, pues, estuvo consigo, ¿cómo volvió en sí? Por eso dije, que este venerable varón habitó
consigo mismo, porque teniendo continuamente los ojos puestos en la guarda de sí mismo, viéndose siempre ante la mirada del Creador, y examinándose continuamente, no salió fuera de sí mismo, echando miradas al exterior.

PEDRO.- Entonces, ¿cómo se explica lo que está escrito del apóstol Pedro, cuando fue sacado de la cárcel por el ángel: Volviendo en sí, dijo: Ahora conozco verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel y me ha librado de las manos de Herodes y de la expectación de todo el pueblo judío? (Hch 12,11).

GREGORIO.- De dos maneras, Pedro, se dice que salimos de nosotros mismos. Cuando caemos por debajo de nosotros mismos, por un pecado de pensamiento, o cuando somos elevados por encima de nosotros mismos, por la gracia de la contemplación. Aquel que apacentó a los puercos cayó por debajo de sí, a causa de la divagación de su mente y de la inmundicia de su alma. Por el contrario, este otro a quien el ángel liberó y arrebató su espíritu en éxtasis salió ciertamente fuera de sí, pero por encima de sí mismo. Ambos volvieron en sí, el uno cuando abandonó su vida errada y se recogió en su corazón; el otro cuando al bajar de la contemplación retornó a su estado de conciencia habitual. Así, pues, el venerable Benito habitó consigo mismo en aquella soledad, en el sentido de que se mantuvo dentro de los limites de su pensamiento. Pero cada vez que le arrebató a lo alto el fuego de la contemplación, entonces fue elevado por encima de sí mismo.

PEDRO.- Esto queda claro. Pero dime, te ruego: ¿Podía abandonar a aquellos monjes después de haber aceptado encargarse de ellos?

GREGORIO.- Entiendo, Pedro, que se ha de tolerar con entereza a un grupo de malos, si en él hay algunos buenos a quienes se pueda ayudar. Pero donde falta en absoluto el fruto, porque no hay buenos, es inútil afanarse por los malos, sobre todo si se presenta la ocasión de hacer otras obras que puedan reportar mayor gloria a Dios. Según esto, ¿para qué iba a permanecer allí por más tiempo el santo varón, si veía que todos a una le perseguían? Además, sucede con frecuencia en las almas perfectas -cosa que no debemos olvidar- que cuando se dan cuenta de que su trabajo produce poco fruto, se marchan a otra parte donde puedan hacer más fruto. Por eso, aquel esclarecido predicador, que deseaba ser liberado de su cuerpo mortal y estar con Cristo, para el cual su vivir era Cristo y una ganancia el morir (FI 1,21), y que no sólo anhelaba las persecuciones, sino que animaba a otros a soportarlas, al sufrir violenta persecución en Damasco, procuróse una cuerda y una espuerta para huir e hizo que le bajasen ocultamente por la muralla. ¿Diremos acaso por eso, que Pablo tuvo miedo a la muerte, cuando él mismo asegura que la deseaba por amor a Jesús? No por cierto. Sino que viendo que en aquel lugar había de trabajar mucho y sacar poco fruto, reservóse para otras partes donde pudiese trabajar con más fruto. El aguerrido luchador de Dios no quiso permanecer seguro dentro de los muros, sino que fue en busca del campo de batalla. Por la misma razón, si me escuchas atentamente, en seguida verás cómo el venerable Benito al escapar de allí con vida, no abandonó a tantos hombres rebeldes, como almas resucitó de la muerte espiritual en otras partes.

PEDRO.- Que es como dices lo declara esa razón manifiesta y el ejemplo que has aducido. Pero te ruego vuelvas a tomar el hilo de la narración de la vida de este gran abad.

GREGORIO.- Como el santo varón crecía en virtudes y milagros en aquella soledad, fueron muchos los que se reunieron en aquel lugar para servir a Dios todopoderoso, de suerte que con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo, que todo lo puede, erigió allí doce monasterios, a cada uno de los cuales asignó doce monjes con su abad. Pero retuvo en su compañía a algunos, que creyó serían mejor formados si permanecían a su lado. También por entonces comenzaron a visitarle algunas personas nobles y piadosas de la ciudad de Roma, que le confiaron a sus hijos para que los educara en el temor de Dios todopoderoso. Por este tiempo Euticio y el patricio Tértulo le encomendaron a sus hijos Mauro y Plácido, los dos, niños de buenas esperanzas. El joven Mauro, dotado de buenas costumbres, empezó a ayudar al maestro. Plácido en cambio, era todavía un niño.

VIDA DE SAN BENITO ABAD
SAN GREGORIO MAGNO.

miércoles, 5 de julio de 2017

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN: EL DEMONIO LO ATACA CON UNA PIEDRA Y NI SE INMUTÓ



Una vez hizo un intento grave contra la vida de Domingo.

Una noche, mientras oraba en la iglesia de Santa Sabina, una enorme piedra fue arrojada a él por una mano invisible de la parte superior del techo, pero le rozó la cabeza, e incluso arrancó la capucha, pero cayó sin más lesiones al santo, y quedó enterrada profundamente en el suelo junto a él.

El ruido fue tan fuerte que despertó a varios de los frailes, que llegaron a toda prisa al lugar para investigar la causa; y encontraron fragmentos del pavimento roto, y la piedra partida donde cayó.

Pero Domingo estaba arrodillado en silencio en oración, y parecía como inconsciente de lo que había sucedido.